Maduración del queso

La maduración es la última fase de la fabricación de un queso, y puede durar desde unas horas, hasta varios meses. En esta etapa se producen una serie de reacciones y cambios físico-químicos que determinan el aroma, el sabor, la textura, el aspecto y la consistencia del queso.

La maduración del Queso

La etapa de maduración del queso implica una transformación en sus características, pasando de una masa blanquecina y relativamente insípida a desarrollar nuevas propiedades en términos de estructura, aspecto, composición, consistencia y color, mientras que el aroma y el sabor adquieren matices más complejos.

¿Cuál es la duración máxima de la maduración del queso?

Depende del tipo de queso: hasta 30 días para los quesos tiernos; entre 1 y 3 meses para los semicurados; de 3 a 6 meses para los curados; y más de 9 meses para los quesos añejos.

Por lo general, los quesos curados tienen un bajo contenido de agua y son altos en grasas, lo que los hace menos adecuados para personas que siguen dietas. Además, su sabor es más intenso debido a la prolongada maduración.

¿Cómo se clasifican los quesos según su período de maduración?

Queso semicurado: de 20 a 35 días (según su peso, generalmente menos de 1,5 kg). Queso curado: de 45 a 105 días (según su peso, generalmente menos de 1,5 kg). Queso viejo: de 100 a 180 días (según su peso, generalmente menos de 1,5 kg). Queso añejo: más de 270 días (peso superior a 1,5 kg).

¿Cómo afecta la temperatura ambiente al queso?

Los quesos curados y semicurados, es decir, aquellos con menor contenido de humedad, se conservan adecuadamente fuera de la nevera y, contrariamente a lo que se suele creer, tienden a endurecerse más cuando se refrigeran. Por tanto, es preferible envolverlos en papel o dejarlos al aire para su almacenamiento.

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